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Presentación del Programa

Presentación del VI Congreso del ICLARS, Córdoba (España), 19-21 septiembre 2022

Una de las características más acusadas de la evolución de las sociedades contemporáneas durante el siglo XXI es la tendencia a la polarización, en casi todos los ámbitos. La consecuencia es una creciente división social, que impide la armonía necesaria para una convivencia pacífica que permita a las personas buscar libremente su propio destino y felicidad. Este fenómeno afecta particularmente al ámbito de las opciones religiosas y éticas de los ciudadanos. Van en aumento las posiciones radicales de signo religioso o antirreligioso, que miran a quien piensa diferente como un enemigo real o potencial, y al que, por tanto, hay que combatir o excluir, pero nunca incluir o considerar como un igual.

Esas actitudes de intolerancia hacia el discrepante no sólo han echado raíces en una parte notable de la población, sino que van instalándose también en las instancias legislativas y de gobierno, e incluso en la judicatura. La búsqueda de la uniformidad, y no el respeto de la diferencia, tiende a imponerse como regla habitual de conducta, en las personas y en las instituciones, a veces de manera espontánea y otras veces como consecuencia de la actividad intencionada de quienes desean imponer su monopolio de la verdad. La frecuente agresividad del discurso político es fiel reflejo de esta tendencia.

El tema general del VI Congreso del ICLARS —Dignidad humana, derecho, y diversidad religiosa: diseñando el futuro de sociedades interculturales— conecta plenamente con la inquietud que suscita ese fenómeno. Partiendo de que la libertad de pensamiento, conciencia y religión es uno de los derechos humanos que definen la autonomía esencial de la persona, se trata de analizar cómo la noción de dignidad humana, que constituye el eje central de la Declaración Universal de Derechos Humanos de 1948, puede contribuir a crear un terreno de entendimiento común entre concepciones antagónicas de los derechos humanos. Estos surgieron como instrumento de cohesión social, pero han devenido frecuentemente en campo de batalla entre posiciones éticas y políticas de signo contrario. Lo cual traiciona la idea misma de derechos humanos, universales por naturaleza y destinados a unir a la sociedad, no a dividirla.

En el ámbito de la libertad de religión y creencias, son numerosos los desafíos que experimentan las sociedades contemporáneas para poder ser calificadas verdaderamente de inclusivas. Por ejemplo, las tensiones que ocasionalmente se producen entre la libertad religiosa y otros derechos humanos (como la libertad de expresión, el derecho al respeto de la vida privada y familiar, o el derecho al matrimonio); la eficaz protección de los derechos de las minorías en entornos sociales que pueden resultar hostiles, y que a veces estigmatizan a quien visibiliza una adscripción religiosa diferente de la mayoría; los conflictos entre el ejercicio de la libertad de conciencia y otros intereses públicos materializados en las leyes, que han adquirido especial relevancia en áreas como la protección del derecho a la vida o la identidad sexual; la autonomía funcional de las confesiones e instituciones religiosas en el contexto de derechos laborales fuertemente regulados por el Estado; la relación, no siempre pacífica, entre las competencias estatales en materia educativa y los derechos de los padres sobre la educación de sus hijos y la libertad de enseñanza que ha de reconocerse a las instituciones religiosas; y un largo etcétera.

Naturalmente, este congreso no pretende solucionar esos problemas, entre otras razones porque, como todos los grandes problemas sociales, no admiten solución fácil. Pero sí quiere contribuir a crear una cultura de respeto por la diversidad, concretamente en el ámbito de las opciones religiosas y éticas de los ciudadanos. Para lo cual es imprescindible comprender que las opciones religiosas y éticas no son algo accesorio o poco relevante, sino parte de la identidad misma de la persona. De ahí que sólo sea posible crear sociedades verdaderamente abiertas cuando hay un alto grado de garantía de la libertad de religión y creencia. Esta no es, desde luego, una libertad absoluta, pero tampoco debe ceder siempre en caso de conflicto con otras libertades o con otros intereses jurídicos. Conflictos, por lo demás, que casi siempre pueden evitarse cuando el legislador, el ejecutivo, y la judicatura, advierten la necesidad de diseñar el espacio público de manera que refleje, y acepte, la pluralidad religiosa y ética existente en la sociedad.

Esa contribución de diferentes instancias de gobierno, y también de la sociedad civil y las instituciones internacionales, a la creación de una cultura de respeto por la libertad y el pluralismo ocupa un lugar preferente en la estructura de las sesiones plenarias del congreso, que tendrán lugar por las mañanas, en el Palacio de Congresos de Córdoba, y contarán con interpretación simultánea español-inglés.

Las tardes se dedicarán a las sesiones paralelas, que se celebrarán en uno de los cinco idiomas de trabajo del congreso: español, inglés, italiano, francés o portugués. Su elevado número —setenta— y su diversidad temática es resultado de que la respuesta a la convocatoria de paneles y ponencias fue extraordinariamente positiva. Lo cual demuestra el interés que estas cuestiones suscitan en el ámbito académico, y la vitalidad que esta rama de los estudios jurídicos —derecho y religión— tiene en todo el mundo. Por necesidades de espacio, las sesiones paralelas se celebrarán en distintas sedes, todas ellas en un radio máximo de aproximadamente 300 metros desde el Palacio de Congresos, y de fácil acceso a pie.

La organización de este VI Congreso del ICLARS ha sido confiada a LIRCE (Instituto para el Análisis de la Libertad y la Identidad Religiosa, Cultural y Ética), que, tal como recoge el programa, ha actuado en colaboración y con el patrocinio de numerosas instituciones públicas y privadas; ha contado con la inestimable ayuda de un Comité Organizador integrado por profesores de distintas universidades españolas y un Comité Científico compuesto por el Consejo Directivo del ICLARS; y ha tenido el incondicional apoyo de un Comité de Honor presidido por S.M. el Rey Felipe VI de España y compuesto por personas de gran relieve en la sociedad española. A todos ellos nuestro sincero agradecimiento por haber hecho posible este congreso.


Javier Martínez-Torrón
Presidente del Comité Organizador del VI Congreso del ICLARS

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